miércoles, 16 de mayo de 2012

Aeropuerto Internacional Jorge Chavez en Perú

Por Carol J. Angel
10:11 a.m. Martes 15 de Mayo 2012

-Quiero llegar ya a mi casa! son las 10: 17 de la mañana. Ahí dice que el avión sale a las 10:35... seguimos aquí sentados... usted está segura de que sale a la hora que dice ahí? que falta de respeto... me quiero ir ya para mi casa... no aguantó un segundo más --gritaba un chico alto con campera azul celeste y zapatillas negras colocado en la primera fila.

Eso era todo lo que alcanzaba a escuchar sentada desde mi silla en la fila 6 de la sala de espera número 27 esperando el vuelo de conexión que me llevaría desde Lima a Buenos Aires. Estaba sentada en una patética sala de espera que más parecía una sala de espera de hospital de pésima categoría y sin sala de operaciones en una vieja calle de la desmemoriada ciudad antesbella, y hoy hecha polvo por la burocracia y la corrupción. Me levanté muy temprano en mi ciudad habitada, la moderna Bogotá -ahora capital de un país que ya no es considerado como país tercermundista si no país emergente, jajaja, nombre recibido desde hace menos de 2 meses en los que fue sede de la cumbre de las Américas y Obama se quedo 2 noches en Cartagena- decía que me levanté tempranísimo por no decir que llevo más de 35 horas despierta pensando en "volar o no volar" esa es la cuestión diría Shakespeare si estuviese en mi dilema.

Mientras cavilaba en esto, desde hacía más de 2 semanas y una vez más en la ruta de vuelo de Bogotá a Lima, un aturdido ruidito de pasos acelerados y un poco necios, me llevaban al encuentro con aquel chico que no dejaba de deambular de un baldosín a otro. Caminaba desesperadamente. No arrastraba sus pies, los golpeaba contra el suelo como diciendo "yo soy el que soy" luego volvía hacia atrás, se sentaba, se ponía de pie, volvía a sentarse, refunfuñaba, movía inquieto sus manos, sus vecinos de silla le miraban, se reían de él, yo trataba de volver mi cara a la hoja del libro de Murakami "sauce ciego, mujer dormida" y yo si que estaba que me quedaba dormida pero gracias a ese chico hiperkinético pude despertarme del todo y no quedarme "para siempre" del vuelo de conexión en sala de espera.


En un segundo o tal vez diez segundos, alcance a pensar ¿qué pasaría si me quedaba definitivamente dormida y perdía el avión en el aeropuerto de Lima? el destino sería tan nefasto ya que caería en mi control y sin proponerlo y otorgándole paso a mi inconsciente deseoso, perdería el avión e inevitablemente 3 horas después alguien me despertaría o tal vez, ya podría despertarme y darme cuenta de que había perdido el avión y entonces, la agencia y sus empleados decidirían que lo mejor era enviarme en el siguiente vuelo de regreso a Colombia, y mientras tanto yo, aparecería al siguiente día en el negocio de mis amigos contándoles mi anécdota y creyendo que definitivamente, el Doctorado y yo eramos seres incompatibles e irreconciliables, y que lo mejor para continuar, sería ganarme el premio gordo de la lotería. Me reía profundamente de este pensamiento patético, cuando ese chico por tercera vez, llamaría mi atención.




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